Tomonaga y la reina
Sin-Itiro Tomonaga fue uno de los grandes físicos japoneses del siglo XX. Es considerado junto a Feynman, Schwinger y Dyson uno de los padres de la electrodinámica cuántica.


A finales de 2013 la sonda Gaia fue lanzada desde el Puerto Espacial Europeo en la Guayana Francesa. Era la sucesora de la misión Hipparcos. Recordamos que esta última tenía como misión medir el paralaje y los movimientos propios de más de 2,5 millones de estrellas a menos de 150 pc de la Tierra (1 pc o pársec, son aproximadamente 3,26 años luz, por lo que 150 pc son unos 490 años luz).
Sin-Itiro Tomonaga fue uno de los grandes físicos japoneses del siglo XX. Es considerado junto a Feynman, Schwinger y Dyson uno de los padres de la electrodinámica cuántica.
En 1966, la clase de primero de la Sra. Weddle en la Escuela Primaria Las Lomitas mandó su primera tarea: debíamos averiguar a qué se dedicaban nuestros padres y luego regresar y contárselo a la clase. Al día siguiente, mientras mis impecables compañeros presumían de sus padres, yo estaba nervioso. Para empezar, temía a la Sra. Weddle: ahora sé que probablemente era inofensiva, pero para un niño tímido, pequeño y nervioso, parecía una monstruosa patata asada parlante. Además, yo tenía una sorpresa y no estaba seguro de cómo la recibirían. «Mi papá es científico», dije, y la Sra. Weddle se giró para escribir la información en la pizarra. Entonces dejé caer la bomba: «¡Y mi mamá es científica!». Veinticinco pares de ojos de primer grado me miraron fijamente, preguntándose de qué demonios estaba hablando. Fue entonces cuando empecé a comprender lo inusual que era mi madre.
Para que exista la vida tal como la conocemos se tienen que unir una serie de factores. Hablamos de una temperatura relativamente agradable, una estrella cercana o cualquier otra cosa de la que se pueda obtener energía, que esté el suficiente tiempo como para que la vida se pueda desarrollar y más si buscamos inteligencia, etc. Podemos decir, a toro pasado, que la Tierra es un lugar ideal para ello, ¿no? ¿Podría haber otros lugares en los que hubiera unas características similares o que fueran idóneas para la vida? Cuando se unen esos factores lo llamamos Goldilocks, pero lo aplicamos a cualquier cosa que lo favorezca. La expresión viene del cuento Ricitos de oro.
El periodo comprendido entre 1800 y 1850 es llamado a menudo Época Dorada Danesa. Ello se debe al gran crecimiento cultural que hubo a la vez que grandes cambios políticos y sociales. Hasta el año 1852, el área de Copenhague estuvo rodeada por una muralla y, geográficamente hablando, era una modesta capital. Fue a pesar de ello, o quizás gracias a ello, que se formó un ambiente rico en el intercambio y desarrollo de ideas de gente famosa danesa, algunos de ellos, a nivel mundial.
Tengo sentimientos encontrados con el autor del libro que os quiero comentar hoy. Por un lado, encuentro apasionante la cantidad de gente que ha conocido a casi todos los fundadores de la cuántica y cuenta montones de maravillosas curiosidades. Pero por otro lado, a veces peca un poco de extenderse demasiado. Es irrelevante (desde mi punto de vista) la opinión del Dalai Lama sobre la ciencia o la física cuántica, a la que dedica todo un capítulo. No obstante, he leído todos los libros del autor y leeré cuualquier otro del que me entere que existe. Por el momento os hago un resumen.
Conozco al autor, Sergio Parra, de leer artículos suyos en Xataka Ciencia. No es que tenga un estilo particular o que las noticias que diga estén en la cresta de la ola científica: lo que me gusta de él es que lee libros a montones y cuenta muchas curiosidades que, de no haber leído sus artículos, no conocería, así como no conocería muchos libros de los que he sabido a través de él. Hoy os quiero comentar uno que ha escrito él y que da título a este post.
Recuerdo haber estudiado el númer de Abbe en óptica que nos permitía clasificar los vidrios en flint y crow. También recuerdo que una lente evitaba la aberración cromática si estaba hecha de dos vidrios enganchados, uno de cada tipo. Pero ese apellido desapareció hasta que leí el libro Los lógicos, de Jesús Mosterín, que explica muchos detalles de su vida y rápidamente nos damos cuenta de que fue un hombre fascinanta. Os copio lo leído sobre él. Espero que lo disfruéis.
Conocía al autor, Simon Singh, por otros libros que ha escrito como El último teorema de Fermat o Los códigos secretos. Ambos me habían encantado, así que si veía otro del mismo autor había que leerlo. Y, como esperaba, no me ha defraudado. Os hago el habitual resumen.
No conozco personalmente a la autora, pero sí conozco a su hijo, que no es otro que Tay. Conociéndolo y sabiendo de su filosofía, pensé rápidamente que debía ir en la línea de su progenitora. Cuando vi el título pensé que iba a ser el clásico libro que de hablaba de las características de las ranas, cuatro productos químicos y poca cosa más. Nada más lejos de la realidad. La verdad es que el libro me ha encantado. Os paso a hacer el habitual resumen. Me extiendo un poco porque tiene muchos detalles interesantes.